Un videojuego donde el desarrollo, la ecología y la política se entrelazan en un ecosistema tan vivo como frágil.
¿Qué pasaría si un meteorito estuviera a punto de chocar contra un planeta, y la única forma de evitarlo fuera a través de la cooperación? Eso es Eco, un videojuego que no trata sobre disparar, sobrevivir o conquistar territorios, sino sobre comprender que toda acción individual tiene consecuencias en un sistema compartido. Lanzado en 2018 por Strange Loop Games, este juego multijugador propone algo tan radical como urgente: construir una civilización sin destruir el mundo en el intento.
En Eco, cada jugador forma parte de una comunidad en un planeta vivo y dinámico. Todo lo que haces —cortar un árbol, cazar un animal, abrir una mina— tiene impacto real en el ecosistema. Las especies pueden extinguirse. El suelo puede erosionarse. El aire puede contaminarse. Y sin recursos sanos, la tecnología necesaria para salvar el planeta se vuelve inalcanzable. Aquí no hay enemigos externos: el desafío es tomar decisiones colectivas antes de que el equilibrio natural colapse.
El juego cuenta con un sistema económico, legal y ecológico profundamente interconectado. Los jugadores deben legislar, investigar, producir y comerciar, pero también pensar a largo plazo. Unas pocas decisiones mal tomadas pueden alterar ciclos completos de nutrientes, empobrecer la biodiversidad o generar conflictos sociales. Cada sesión se convierte en un ensayo de convivencia sostenible.
Lo más potente de Eco es que no predica, sino que simula. Nos enfrenta, sin moralismos, a la complejidad de construir en común. En un mundo que a menudo insiste en soluciones individuales, este juego nos recuerda que los grandes desafíos —como el cambio climático o la conservación— solo pueden enfrentarse con inteligencia colectiva. En Eco, nadie se salva solo.

